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Saturday, 10 September 2011

2. Not alone.

Mi nuevo vecino me dedicó otra gran sonrisa luego de presentarse. Hablaba despacio, procurando que yo comprendiese cada una de sus palabras. Y de hecho, lo hacía. Me pareció muy agradable, así que lo invité a sentarse a mi lado bajo el árbol (porque había estado parado bajo la lluvia durante nuestra conversación). Saltó atléticamente la cerca y se sentó junto a mi. Le conté mi historia tan coherentemente como pude, y él me contó un poco sobre su vida. Era músico. Cuando comenzó a hablar, recordé a mi abuelo. Aquellos momentos de mi infancia, cuando nos sentábamos juntos por horas a tocar el piano. Aquellos momentos en los que era feliz. Empezó a oscurecer, y fue cuando nos dimos cuenta de que hacía horas que estábamos allí, uno junto al otro, narrándole la historia de nuestras vidas a un perfecto extraño. Pero pareció no importarnos, porque continuamos nuestra charla. Yo, luchando por conseguir las palabras justas para expresarme, y el, luchando por no acelerarse ya que mi inglés no era el mejor. Cuando el sol comenzó a caer al punto de estar ya anocheciendo, mamá me llamó a cenar. Y tuve que despedirme de mi nuevo vecino, mi nuevo amigo. Nos sonreímos en modo de despedida, y me dirijí a la puerta trasera mientras lo vi saltar la cerca y saludarme con un su mano mientras retornaba a su hogar.
Durante la cena me encontré pensativa. Vaya persona había conocido! rápidamente, me sentí más cercana a él que a cualquier otra persona desde la muerte de mi abuelo. Me sentí libre de contarle mis miedos, mis deseos, mis gustos. Terminé de cenar y subí nuevamente a mi dormitorio. Mi madre había acomodado mis cosas en su lugar, así que busqué algún buen cd y me puse a redactar ese extraño pero agradable día en mi diario, sentada junto a la ventana observando las luces de las demás casas apagarse lentamente. Nunca me había sentido así en años. Tenía ganas de sonreír, tenía ganas de volver a ese rincón y contarle más cosas sobre mi. Parecía que mis esfuerzos para comunicarme en inglés fueron buenos, o por lo menos, a el le causaban ternura y no enojo, por lo que me sentía realmente cómoda contándole mis historias.
A la mañana siguiente, un pequeño rayo de sol entró por mi ventana. Sorprendentemente el día estaba soleado, una bonita mañana de sábado.
Corrí escaleras abajo, y tomé mi desayuno. Mis padres parecían sorprendidos de la energía que llevaba. No solo porque esperaban que me encontrase de mal humor durante un largo tiempo, sino, porque desde que mi abuelo me dejó, ya no quería vivir. Simplemente no tenía a la persona que me enseñó a reir. Pasábamos tardes juntos cantando, jugando. Nunca tuve amigos, porque prefería visitar a mi abuelo en lugar de jugar con ellos.
Necesitaba a ese hombre a mi lado, y ya no estaba, y nunca volvería.
Pero había conocido a alguien que me recordaba tanto a el, me recordaba tanto a esos días jugando a las escondidas en su jardín, a aquellas tardes lluviosas sentados en el hall pensando ¿qué será de los pajaritos cuando llueve? ¿se ocultan, son felices? ¿pueden volar?.
Tomé un baño, y salí a conocer mi nuevo vecindario, a conocer las casas, las calles. Era todo muy bonito. Muy perfecto también, para mi gusto. Parecía que nadie allí rompía reglas, era como un cuento de hadas. Pero podría acostumbrarme. Volví al rato, caminando lentamente y disfrutando del paisaje. Nunca había tenido un paseo tan pacífico en mi vida, nunca me había dedicado a pensar sobre mi como una persona que era capaz de seguir adelante. Pero por algún motivo, ese día lo hice. Una pequeña nota se encontraba junto a la puerta invitándome a una fiesta que mi nuevo vecino haría esa noche. Tenía una letra muy simpática. Junto a la invitación, su firma aparecía con una gran estrella junto a ella. Con cariño, Tom.

1 comment:

yanan said...

awww me gusta djhfkjhfgjd ¿cuantos años tiene la chica? quiero imaginarmela y asi.. hahahaha
espero el otro capitulo :D

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